Domingo otra vez

Cuento de Tamara Aguilera

Domingo otra vez. Lo espero. Sé que viene. Puede demorarse, claro. Minutos más, minutos menos, siempre llega.
Por fin siento el avanzar del viento que se mete por la ventana de mi dormitorio. Percibo que es un viento fuerte, decisivo, arrasante, el mismo de cada domingo. Debo admitir que no es un viento como cualquier otro.

Este comienza a bloquear mis sentidos dejándome tildada, no quedándome más remedio que observar su usual recorrido. Veo cómo acaricia mis pertenencias, objetos que sólo tienen valor para mí. Recortes de diarios y revistas, carteles, letras, palabras, fotografías, todo sobre las paredes. No hay habitación sin mural. Acaricia mi cama, la alfombra. Se detiene en el centro y comienza a bailar… Seduciéndome. Lo sigo, pues mi cuerpo no hace más que sentir atracción por sus exóticos movimientos. Al ritmo de la música inventada me veo bailando con bocanadas de aire que comienzan a elevarme, haciéndome flotar en una realidad que es mía, nuestra.
Se abre la ventana y salimos los dos a recorrer la ciudad. Los domingos no hago más que tener cita con él.

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