“Ponete en bolas, la puta que te parió”

Monografía realizada por los compañeros Nahuel Fernández de Cieza, Ignacio Pancrazzi y Juan Francisco Rosenfeldt para la materia Teorías y prácticas de la Comunicación I, cátedra Entel. Para este trabajo realizaron un análisis sobre un hecho del año 2007, en el cual miles de personas se reunieron en el centro porteño para presenciar el cuerpo desnudo de Nicole Neumann.

A fines de agosto del 2007, aproximadamente mil personas -en su gran mayoría hombres- se congregaron en la esquina de Corrientes y Florida. ¿Qué motivo los atrajo? Una mujer. Más precisamente: un cuerpo. Es que, el día anterior, la famosa modelo Nicole Neumann había anunciado por televisión que se desnudaría en la calle en señal de protesta contra el uso de pieles y la matanza indiscriminada de animales. La noticia no tardó en esparcirse y, al día siguiente, una muchedumbre se encontraba agolpada en la citada esquina, esperando a la modelo. Algunos, incluso, se habían trepado a los semáforos e indicadores de calle con la esperanza de tener una mejor vista. Sin embargo, el tiempo pasaba y Nicole no llegaba. Pronto, los ánimos se caldearon. “Ponete en bolas, la puta que te parió”, le gritaban al unísono a alguien que no estaba. Mientras, el corte en el tráfico provocaba caos y bocinazos en las calles aledañas. Un auto intentó pasar entre la multitud. Mientras lo hacía, una voz se alzó exclamando que Nicole se encontraba dentro de éste. La turba no tardó en rodearlo, amenazando con volcarlo, al grito de: “¡La culpa es de Nicole! ¡La culpa es de Nicole!”. Fue en ese momento que uno de los presentes se paró encima del techo de un auto y se quitó toda la ropa. La respuesta inmediata fue una catarata de insultos de todo tipo, como por ejemplo “gordo puto” o “chizito”. Recién cuando se vistió llegaron los aplausos.

Finalmente, una combi blanca apareció. A pesar de que sus vidrios estaban polarizados, los congregados intuyeron la verdad: la modelo se encontraba dentro. Una decena de manos se aferraron al vehículo, intentando volcarlo, mientras un único guardia de seguridad se esforzaba en vano por impedir el avance. “¡Ponete en bolas, la concha de tu madre!”, gritó alguien. “¡Sáquenla!”, aulló otro. La combi no tardó en escapar, dejando sola a la muchedumbre, que la persiguió sin éxito. Nicole Neumann no cumplió con su promesa debido, según ella, al miedo que le causó la multitud embravecida que la estaba esperando en el lugar original del fallido desnudo. Una hora después se apareció en la selecta zona de Plaza Cortázar, ante un reducido grupo de personas, en ropa interior y cubierta por un cartel que rezaba: “prefiero andar desnuda que con pieles”.

La cuestión de fondo que se plantea es por qué sucedió esto. Algunos medios parecieron darle al hecho una explicación naturalista. Así, los congregados habrían actuado de forma instintiva, animal. “Aquel cruce de calles tradicionales porteñas se había transformado en una inmensa sala de espera de perros de Pavlov” ( ) . “La fauna estaba compuesta por: oficinistas con traje y corbata, motoqueros casco en mano y curiosos que vieron luz y entraron” ( ). Pero esa respuesta no parece suficiente. Es interesante recordar que, dos semanas después, Avril X, desnudista (y con una figura que también encaja los estándares de belleza), realizó una caminata desnuda por la calle Florida durante la hora pico y pasó casi desapercibida ( ). Por lo tanto, tiene que haber otros motivos que desencadenaron a la situación que analizamos.

David Le Breton investiga concienzudamente el papel del cuerpo en nuestra sociedad en su libro Antropología del cuerpo y modernidad. Allí, el antropólogo y sociólogo francés explica que desde la década del 60 se habla de la liberación del cuerpo, cuando en realidad el único cuerpo liberado es el del modelo publicitario. Nuestra sociedad no tolera al minusválido, al enfermo, al distinto ni sabe cómo reaccionar ante ellos. Siguiendo esta línea de pensamiento, tampoco sabe cómo tratar con el “cuerpo perfecto”, ya que éste no existe realmente, sino que es un producto de la publicidad. Lo vemos por televisión o por fotos, jamás en la vida cotidiana. El cuerpo de publicitario simboliza una libertad, una aprobación para mostrarse, que los demás individuos carecen. Ante la oportunidad de ver un cuerpo distinto y, al igual que frente al ciego y el minusválido, la sociedad no sabe cómo reaccionar, y entonces se violenta como en el caso estudiado. Así, al ser interrogado por un periodista sobre qué haría si Nicole Neumann se desnudara, uno de los congregados afirmó que le pegaría un cascotazo en la cabeza. Otro contestó que la violaría. Pero esta prohibición del cuerpo no se ha dado en todas las sociedades. Según el sociólogo estadounidense Richard Sennett, en la antigua Atenas: “El cuerpo desnudo y expuesto con frecuencia se ha considerado emblemático de un pueblo seguro de sí mismo y que se sentía cómodo en su ciudad”.

En el caso de la mujer, el modelo responde al paradigma que Foucault introduce en su Historia de la sexualidad: el de la histerización del cuerpo de la mujer; un cuerpo sano, higiénico, medicalizado, óptimo para la procreación. “El cuerpo sin problemas de cuerpo”, dice Le Breton, quien agrega que más que liberación del cuerpo, hoy en día vivimos una negación de lo corpóreo en el cuerpo. Nicole encaja perfectamente en el paradigma del cuerpo publicitario, aquel que todos ansían ver. Al no poder contemplar al cuerpo deseado de la modelo, se le “ofreció” a la muchedumbre el cuerpo del por ellos llamado “chizito” quien, amén de ser varón, no respondía a los estereotipos del hombre ideal, sino que se ajustaba más bien a las proporciones y medidas “indeseables”, a lo grotesco.

Tampoco hay que olvidar el papel de los medios. Nicole Neumann no aparecía solo en la publicidad. También figuraba en programas de televisión, radio e innumerables tapas de revista en donde, sino hablaba ella, era porque otros estaban hablando de ella. La muchedumbre no fue solo a ver a una mujer desnuda, fue a ver a Nicole Neumann desnuda. “El cuerpo es una construcción simbólica, no una realidad en sí mismo. No es un dato indiscutible, sino el efecto de una construcción social y cultural”, (Le Breton p. 13). La diferencia no la hizo tanto el cuerpo, sino la fama, con toda la simbología que ésta conlleva.

Es importante notar que ni siquiera Nicole Neumann, alguien que encaja tan perfectamente en el estándar de belleza, fue capaz de desnudarse del todo. No solo estaba cubierta por un cartel, también llevaba ropa interior. A primera vista resulta curioso, teniendo en cuenta que estamos hablando de una modelo de lencería, pero es ahí donde se nota la enorme diferencia entre el mundo “real” y el de la publicidad; lo cotidiano contra lo utópico. Somos libres de ver a Nicole Neumann desnuda, siempre y cuando sea en una foto o en un video. Le Breton también nota cómo nuestra sociedad desprecia todos nuestros sentidos, excepto el de la vista. “La mirada es hoy la figura hegemónica de la sociedad urbana” (Le Breton, p. 102). Precisamente ese fue el error de los congregados: el de -además de mirar- querer tocar… una versión moderna del mito del fruto prohibido.

En cuanto a lo que sucedió con los congregados, quizás pueda sernos útil la descripción hecha por Le Breton sobre la muchedumbre en los carnavales medievales, a la cual denomina como un cuerpo grotesco que “no tiene una demarcación respecto del mundo, no está encerrado, terminado, ni listo, sino que se excede a sí mismo, atraviesa sus propios límites. El acento está puesto en las partes del cuerpo en que este está, o bien abierto al mundo exterior, es decir, en los orificios, en las protuberancias, en todas las ramificaciones y excrecencias: bocas abiertas, órganos genitales, senos, falos, vientres, narices. Es decir, los órganos que avergüenzan en la cultura burguesa”. Los carnavales medievales se caracterizaban por un borramiento de la individualidad corporal y una mezcla de clases. La gente abandonaba su individualidad, la dejaba de lado para confluir en una masa colectiva, con los mismos intereses en común, dando rienda suelta al gran cuerpo popular de la especie, signada por lo grotesco y el júbilo colectivo. En el ejemplo que trabajamos, se ve plasmada muy claramente esta situación. Una multitud se congregó y dejó de lado su singularidad, entremezclándose sin distinciones, para poder llegar a ver a la modelo, objeto de deseo producto de la prohibición del cuerpo, en contraposición a la concepción hegemónica de la liberación corporal. Un solo sujeto consiguió individualizarse: aquel que se desnudó. Pero, como su cuerpo no se ajustaba a los cánones deseados, sólo recibió rechazo en la forma de insultos hacia su figura y su sexualidad.

Creemos que el caso analizado sirve como una muestra de cómo la cultura logra operar sobre nuestros cuerpos, haciéndonos perder la noción de lo que son. La gente congregada por el simple hecho de ver un cuerpo determinado, muestra cómo nuestros cuerpos están presos y ansían liberarse. Nicole Neumann solo quiso mostrarse desnuda. Resulta irónico que, en una sociedad que se supone libre, un simple acto de desnudez se vuelva un acontecimiento excepcional, un medio de protesta para que un reclamo sea oído. Pero el deseo de liberación continúa presente y se nota en el reclamo “Ponete en bolas, la puta que te parió”. Le piden al cuerpo perfecto que haga lo que ellos, con sus cuerpos comunes, no pueden hacer.

Anexo: vale la pena agregar que, en febrero del 2011, Nicole Neumann se desnudó para una publicidad televisiva de Pepsi. Su cuerpo estaba pixelado.

Referencias

(1) El día en que se paró el centro esperando a Nicole, Página/12, Buenos Aires. 30/8/2007
(2) Nicole despertó a las fieras, Clarín, Buenos Aires, 30/8/2007
(3) Una modelo se desnudó en plena 9 de Julio para despedir el año. http://www.infobae.com/notas/nota.php?Idx=159933&IdxSeccion=100438
(4) Senett, Richard, Carne y piedra

Bibliografía

FOUCAULT, Michel. Historia de la sexualidad, Madrid, Siglo XXI editores, 1991.
SENETT, Richard. Carne y piedra, Madrid, Alianza Editorial, 1997.
LE BRETON, David. Antropología del cuerpo y modernidad, Buenos Aires, Ediciones Nueva Visión SAIC, 1995.
LÓPEZ GIL, Marta. El cuerpo, el sujeto, la condición de mujer, Buenos Aires, Biblos, 1999.

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